Tuesday, July 16, 2019
Perfil

SPORTS | 11-05-2019 08:00

Mauricio Pochettino: He’s magic, you know

Our Editor-in-Chief gushes about the Argentine coach from Murphy, Santa Fe Province, that changed his football club and took Spurs to the Champions League final.

I'm an Englishman who lives in Argentina. My wife was born in Argentina, my children were born in Argentina – and so is my club's manager.

My father first took me to White Hart Lane, the home of Tottenham Hotspur Football Club, when I was barely out of nappies. It was the 1980s and football in England – and especially the stadiums – were still rough and tumble, dangerous and violent, though of course I don’t even remember that. I’m told I just played with my cars on the terraces while the game went on in front of me.

The club, the ground, that part of London, would become such a deep part of my life, for so many years (it was preordained, after all, my father named me after our club’s top scorer, Jimmy Greaves). It still is. I can still smell the burger vans around the stadium today. I can still feel the sticky floors of the pre-match pub. I can still hear the songs, the chants, the banter, the bad language. That buzz as you walk through the inner part of the stadium. That thrill as you walk up the steps towards your seat and that beautiful green pitch appears before you, ready for the drama.

In my teenage years, I became a full card-carrying full-blown supporter. I had a season ticket and went every week with my Dad and our friends. I was underage, but I used to sneak the odd pint of beer here and there, feeling all grown up as I downed my drink before heading to White Hart Lane, the “world famous home of the Spurs,” as they said on the tannoy.

The thing is, we Spurs fans drank a fair bit before games back then. You see, we were quite rubbish in the 1990s. Sure, we won a few games, and the odd FA or League Cup once every 5 or 10 years, but we were mostly pretty crappy. Luckily though, we always had one or two flair players that could produce some magic on the pitch (Paul Gascoigne, Teddy Sheringham, David Ginola, Jürgen Klinsmann etc.) and made going each week worthwhile, but generally, in the league at least, we bounced around in the middle of the table, not doing much, some weeks scoring the odd classy victory and others capitulating 4-1 to Crystal Palace at home.

We had some managers that did well, some managers who did alright, some managers who did awfully and some managers we came to love, each in their own way. One or two managers that even began to forge the path toward achievement. But nothing – NOTHING – compares to the Murphy-born hero that is Mauricio Pochettino. This glorious Argentine has done something to my club that I didn’t think was possible. He has turned average players into warriors. He has helped unpolished gems in our academy turn into world-class stars worth hundreds of millions on the market. He has coached, not bought, our way to success  

But most importantly, he has introduced belief. He has turned us into a team, a team that knows no boundaries. A team that knows our old glorious history and our recent less glorious history, a team that is aware of it and wants to change it. He has done all of this on practically no budget (compared to our rivals, relatively speaking, of course), playing for two years without our home stadium, with players who are being paid less than their peers at other clubs. Somehow he keeps them happy. They stay with us though, at least for now. Why? It's simple, Pochettino.

I love 'Poch' (as we call him in England). I am so proud to have him as our coach. Being here in Buenos Aires, watching him in my homeland, watching what he says in castellano on the touchline, is both perculiar and glorious. Watching him charm the world and the way he is with players, staff. The emotion, the mate, the abrazos, I see that he represents so much of the Argentine character that I love. And you can see that his players love him too. Even those ones sitting on the bench not getting a game. Against Ajax, on Wednesday night, the two players that had the biggest impact were Fernando Llorente (34, almost can’t run, definitely can’t last 90 minutes) and hat-trick hero Lucas Moura (a player that’s spent half the bench on the season, and a winger playing upfront).

None of this is luck. It’s all here because Poch laid the preparation for it It’s just happened quicker than he, or perhaps anyone, expected. He believes anything is possible, but that first you must be humble, that you must respect your peers, that you must work hard and that life will reward you in kind if you do. He teaches his players this and they not only become better players, they become better people too. Just ask them, the way they speak about him... well, it’s like he is their father.

Pochettino is an alchemist, and he has found the perfect recipe at Tottenham. And now we’re on the verge of taking the biggest prize going. We may not win, but he’s already worked miracles.

As the song we fans sing about him goes: “He’s magic you know, Mauricio Pochettino, he’s magic you know....” Thank you, Poch.

Thank you, Poch.
 

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Soy un inglés que vive en Argentina. Mi esposa nació en Argentina, mis hijos nacieron en Argentina y también mi director técnico. Mi papá me llevó a White Hart Lane, el estadio del Tottenham Hotspur Football Club, apenas dejé los pañales. Eran los años 80´ y el fútbol en Inglaterra era famoso por los hooligans -nuestros “barra bravas”-. Los estadios eran peligrosos y los hinchas violentos, aunque -por supuesto- yo no me acuerdo de nada de eso. Dicen que yo simplemente jugaba con mis autitos.

El club, la cancha, esa zona de Londres, se iban a convertir en una parte tan importante de mi vida. Ya estaba predestinado, al fin y al cabo, mi papá me puso James, por el goleador del Tottenham Jimmy Greaves.

Aún recuerdo el olor de los kioscos de hamburguesas del estadio. Todavía siento lo pegajoso que eran los pisos del pub al que íbamos antes del partido. Puedo escuchar las canciones, los chistes y las puteadas en mi cabeza. La sensación de entrar al estadio, subir y ver la el verde césped de la cancha aparecer frente a mis ojos. La emoción de trepar esos escalones que conducían a nuestras butacas y ver la cancha, con toda su intensidad.

Durante mi adolescencia no me perdí un solo partido junto a mi papá y sus amigos. Era menor de edad pero siempre lograba conseguir alguna pinta de cerveza, me sentía un grande terminando mi trago antes de ir para White Hart Lane, “the world famous home of the Spurs,” como decían los parlantes del estadio.

La verdad es que los hinchas de “los (e)Spurs” -como dicen los argentinos- tomábamos bastante alcohol antes de entrar al partido. Y tengo que confesar que no nos iba muy bien en la cancha en los años 90´. Ganábamos algunos partidos, una Copa de Liga cada diez años, y siempre teníamos algún que otro jugador que hacía magia con la pelota (Paul Gascoigne, Teddy Sheringham, David Ginola, Jürgen Klinsmann) y que le diera sentido a nuestro fin de semana. Pero generalmente eramos los últimos de la liga, o con suerte llegábamos a la mitad de la tabla.

A algunos directores técnicos les fue bien, fueron muy queridos por diferentes motivos. Pero nada -NADA- se compara con el héroe nacido en Murphy, nuestro querido Mauricio Pochettino. 

Este glorioso entrenador argentino logró algo con nuestro club que parecía imposible: convertir a jugadores “normales” en guerreros. Encontró diamantes en bruto en las inferiores del club y los convirtió en estrellas que hoy valen decenas de millones de libras en el mercado mundial. Dirigió -y no compró- nuestro camino al éxito. Y, lo más importante, nos dio fe, nos enseñó a creer en nosotros mismos. Nos convirtió en un equipo: un equipo sin barreras, que conoce su historia, unidos.

Y logró todo esto prácticamente sin presupuesto (cuando comparas con nuestros rivales de la Premier, por supuesto), y jugando dos años sin localía, con jugadores que reciben menos de la mitad de dinero que sus pares en otros clubes. Ellos igual se quedaron en el club. Por qué? Por Pochettino.

Amo a ‘Poch’ (como le decimos en Inglaterra). Estoy tan orgulloso de que sea nuestro D.T. Estando acá en Buenos Aires, me encanta ver como se ganó a los hinchas, como trata a los jugadores y a su cuerpo técnico. La emoción que transmite, su mate, sus abrazos, veo como representa tanto de la Argentina que yo amo. Y eso se lo transmite a sus jugadores, hasta los que están sentados en el banco de suplentes.

Contra el Ajax el miércoles los jugadores que definieron el partido fueron Fernando Llorente (de 34 años, un jugador al que no se lo conoce por su capacidad física y dificilmente pueda jugar 90 minutos) y el "hat-trick hero" Lucas Moura (un jugador que pasó la mitad de la temporada en el banco, un lateral jugando de delantero).

Nada de esto fue suerte. Todo lo planificó Poch, simplemente pasó más rápido de lo esperado. Él cree que todo es posible, pero que primero tenés que ser humilde, respetar a tus compañeros, trabajar duro y luego la vida te lo va a recompensar. Él le enseñó esto a los jugadores y ellos se convirtieron no solo en mejores jugadores de fútbol, sino también en mejores personas. Se nota cuando les preguntan sobre él, la manera en que hablan, como si fuese un padre para ellos.

Pochettino es un alquimista y tiene la receta perfecta, y ahora estamos viviendo un sueño, algo que nunca pasó en la historia de nuestro club. Y la canción que los fans le cantamos dice: "He's magic you know, Mauricio Pochettino, he's magic you know...". Él es mágico, sabés, es Mauricio Pochettino, él es mágico, sabés..." Gracias Poch. 
 

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James Grainger

James Grainger

Editor-in-Chief, Buenos Aires Times.

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